Sandra Álvarez Hernández y Alberto Escobar de la Garma: “Coloquio de doctorandos: ¿un requisito académico o una oportunidad para el intercambio de ideas en proceso?” // Reseña del Coloquio de Doctorandos 2016 del Posgrado en Letras, UNAM


El Coloquio de Doctorandos del Programa de Maestría y Doctorado en Letras se distingue por ser la única actividad durante el doctorado en la que es posible conocer las investigaciones y tener una interacción con otros compañeros que se encuentran en el mismo periodo y proceso de trabajo doctoral. Organizado una vez al año, constituye además el único momento en el que se experimenta una vida colegiada en el Posgrado en Letras, más allá de las reuniones regulares que durante el semestre se suelen tener entre el alumno, el asesor y los cotutores que integran los comités tutorales. Ya en sí una tríada valiosa de interacción para el doctorando –diseñada en su estado ideal para evaluar, leer y comentar el proceso de investigación, guiando y acompañando a cada alumno en las distintas etapas–, ésta se puede ver ricamente complementada con esos otros escasos momentos en los que el diálogo se abre a un marco de pares más amplio. Es esto lo que le da al Coloquio –de carácter más bien cerrado y obligatorio para los doctorandos– un valor especial.
Con un poco de suerte, aun a pesar de que cada uno de los proyectos se abre a mundos tan diversos, uno podrá encontrar en estos espacios algunas pistas o guiños en los planteamientos de los diferentes ponentes, para encauzar la investigación propia. Ya sea con referencias a distintos autores o teóricos, o con miradas creativas que revelan nuevas maneras de abordar un texto, este Coloquio puede fungir como un abanico de ideas y formas o estructuras argumentativas, en donde es posible hallar algo innovador, inspirador y estimulante, ya sea por afinidades encontradas con otros proyectos de tesis, o por hacer más conscientes las maneras diferentes de abordar un tema y de realizar un análisis literario.

Aciertos del Coloquio: única oportunidad en el doctorado de interactuar con compañeros y académicos en un marco más amplio y de intercambiar ideas sobre las investigaciones individuales.

El 17 de octubre del 2016 se llevó a cabo el más reciente Coloquio de Doctorandos del Programa de Maestría y Doctorado en Letras, evento en el cual por cierto también es posible escuchar la voz experimentada y crítica de profesores e investigadores que comentan y responden a los trabajos, o de aquellos que asisten como asesores o tutores a las presentaciones de sus asesorados, cuando las sesiones se abren a un espacio de preguntas y respuestas y el tiempo permite escuchar esas voces..
El Coloquio de Doctorandos pasado se organizó durante una jornada intensa e interesante, aunque también es cierto que de calidad muy variada, tanto por el compromiso con el que los doctorandos asumen sus presentaciones, como por el interés y la seriedad que muestran los comentaristas, quienes al haber leído previamente los avances pueden hacer observaciones críticas y enriquecedoras. A lo anterior se suma el hecho de que los que participan año con año son personas que están a la mitad de su investigación –entre el cuarto y quinto semestre del doctorado– en un periodo en donde a menudo las propuestas apenas van tomando forma consistente, con un desarrollo considerable aunque muchas veces sin una solución definitiva. Ello puede resultar frustrante y poco revelador, tanto para los propios ponentes como para los presentes en el auditorio, pues aunque un proyecto pueda parecer prometedor, a menudo se encuentra todavía desarticulado, con argumentos que están apenas en proceso de formularse, por lo que muchas ideas se presentan, en el mejor de los casos, como intuiciones tímidamente argumentadas, o bien como un cúmulo de dudas y preguntas sin respuesta, o de ideas cuya conexión no resulta muy clara.
Un factor que no ayuda es el escaso tiempo que se tiene para las presentaciones y réplicas, aunque, ¿de qué otro modo podría ser cuando hay tantos participantes? Sin duda esta situación representa un reto múltiple, pero cuyos resultados podrían capitalizarse más si se le pudieran hacer algunas ligeras modificaciones al diseño. Por parte del Posgrado, podría planearse un tiempo más espaciado y generoso para presentar y comentar las investigaciones, quizá más bajo un formato de seminarios, de asistencia igualmente obligatoria para los involucrados, pero que se programaran durante una semana. Por lo que toca a quienes presentan sus avances, considerar que muchos proyectos parecen débiles o poco interesantes no sólo por el tiempo limitado de presentación que se tiene, sino porque no saben contextualizar lo suficiente su contenido en el marco de sus investigaciones más amplias, de modo que el texto que se comparte presente un panorama suficiente y claro para, cuando menos, generar curiosidad y comprensión entre los asistentes. Además, hay que considerar que es una oportunidad el ejercitarse en formatos de presentación similares a los de congresos, coloquios y simposia, en donde también hay que aprender a administrar el tiempo con los contenidos y materiales de presentación. Un trabajo, aun en proceso, si tiene las preguntas claras, puede resultar igualmente valioso que uno que ya se ha concluido. En ese sentido, abrir el foro a avances de doctorandos que estén en etapas más avanzadas, digamos, después de haber aprobado sus exámenes de candidatura, puede estimular a quienes se encuentran a medio camino a ver cómo llevar los a buen puerto.

Áreas de oportunidad para los participantes:

  • Asumir la asistencia obligada al coloquio no como un requisito engorroso sino como una genuina oportunidad de diálogo e intercambio que exige un compromiso y espíritu colegiado para interesarse por investigaciones ajenas a las de uno.
  • Asumir que en las presentaciones individuales es importante al inicio, para no perder la atención de los asistentes, sensibilizarlos a entender los principios que rige cada investigación, así como la estructura y el contexto general en los que habrá de enmarcarse el avance a presentar.
  • Preparar las ponencias como oportunidad de ensayarse en la presentación en foros académicos serios y ambiciosos.

Por lo que toca a las oportunidades de réplica, contar con los comentarios de un investigador ajeno al comité tutor la mayoría de las veces decanta en visiones refrescantes y llenas de entusiasmo. Esta disposición del Posgrado es en suma afortunada, sin embargo, en la práctica no siempre resulta homogénea, sea porque el lector designado desconoce el tema o no ha dedicado el tiempo de reflexión y elaboración de comentarios, según lo que le exige este compromiso, y esto se vuelve evidente a la hora de su intervención. En suma, tanto las ponencias como los lectores oscilan en una suerte de ruleta donde puede haber mesas no tan afortunadas como otras, algo que por otra parte parece inevitable.

Recomendaciones de organización:

  • Rediseñar el formato de coloquio a uno de seminario intensivo, espaciado a lo largo de algunos días, para dar más espacio a la reflexión y el comentario de las investigaciones, también por parte del público.
  • Ofrecer a los alumnos una orientación e inducción previa para la adecuada contextualización y presentación de sus trabajos mediante recursos (ppt, handouts, etc.) que permitan ubicar desde el inicio de las presentaciones individuales el avance en el marco general del proyecto.
  • Ubicar las participaciones en el marco general de las líneas que ofrece el Posgrado en Letras, para que los diversos participantes puedan entender los intereses de investigación de cada una de las áreas de conocimiento.
  • Incluir la participación de trabajos de doctorandos que hayan aprobado el examen de candidatura y cuyas tesis estén próximas a la conclusión para poder también mostrar en qué pueden desembocar los procesos de investigación.

No obstante lo anterior, el intercambio que permiten estas jornadas resulta de gran utilidad por diversas razones. Algunos de nosotros hemos cambiado de orientación académica a lo largo de nuestra formación; en mi caso [Sandra] las presentaciones de los estudiantes de Letras Clásicas suelen ser no sólo interesantes, también en algunos casos útiles a mi trabajo, al tratarse del tema de mi Licenciatura. Otras exposiciones de Letras, lejanas a las mías, han repercutido en interesantes descubrimientos, y finalmente el trabajo en mi campo de investigación, la Literatura Comparada, es una bocanada fresca en el largo y solitario camino de la elaboración de una tesis doctoral.
En el último Coloquio (correspondiente a los avances de 2016) se presentaron cuatro trabajos en Literatura Comparada. En primer lugar tomó la palabra Adriana Bellamy Ortiz con su tesis, Imagen y palabra: la subjetividad autoral como estrategia estética en el ensayo fílmico. Adriana investiga sobre la forma en que la noción de ensayo fílmico se encuentra ligada al ensayo literario. Para llevar a cabo esta comparación parte de la idea del ensayo como un género dinámico y dialéctico, y resalta el peso de la voz autoral en ambos. Compartió la mesa con ella Yaocí Pardo Domínguez, con la tesis Torres de Papel: Memoria, espacio e invención en la obra literaria de Ítalo Calvino, Georges Perec, y el trabajo arquitectónico de John Hejduk y Rem Koolhaas. El trabajo de Yaocí propone leer el espacio literario y arquitectónico a partir de conceptos como memoria, temporalidad, habitabilidad e invención.
Más adelante en la tarde fue el turno de Orly Casandra Cortés Fernández con la tesis Contrasentido urbano: Representaciones de la ciudad de los monstruos (1979-1989/ 2004-2014), que busca analizar la relación entre la literatura y las artes visuales en la Ciudad de México a partir de tres novelas y fotografías, un mapa y una acción artística. El proyecto de Orly es una comparación intermedial y diacrónica que permite leer a la Ciudad de México como un espacio complejo, en el que se encuentran un sin fin de subjetividades. Finalmente, al terminar el día presenté mi proyecto El mundo caverna. El antro de las ninfas en las grotte del Renacimiento Italiano en el que un texto del filósofo neoplatónico Porfirio y la caprichosa arquitectura de los jardines de las grandes familias italianas del siglo XVI se encuentran bajo el marco teórico de Aby Warburg.
Cabe subrayar el hecho de que los términos de comparación que se presentaron en este Coloquio dejan de manifiesto que hemos superado fronteras disciplinares que nos permiten incluir en los estudios al cine, la arquitectura y la fotografía, en consonancia con pensadores como Bakhtin que enunciaba que la literatura es parte inseparable de la totalidad de la cultura y no puede ser estudiada fuera de su contexto, al mismo tiempo que nuevas teorías como la de Georges Didi-Huberman comienzan a sumarse. Los estudios literarios empiezan a apropiarse de esos medios externos que fueron formados y dan forma a los textos. Recuerdo de años anteriores trabajos que apelaban a la variedad de la naturaleza textual, en esta ocasión la idea de la lectura fue la que resaltó. La lectura como la acción de leer desde el cine, el espacio arquitectónico e incluso la fotografía y el performance al modo que leemos nuestras Letras, las otras, las que llevan mayúsculas y por las que todos hemos pasado. Sólo me queda la duda (más bien la esperanza) de ver esas otras fronteras desdibujadas, como sucede en estas jornadas en las que Tito Livio, Mariano Azuela, Rem Koolhas y tantos otros comparten la mesa.
En suma, entre ambos autores de este texto, lo que podemos concluir es que sin duda año con año asombra la cantidad de temas, propuestas, intuiciones, entusiasmos e individualidades que existen siempre en torno a la literatura, lo cual es señal de que el interés persiste y el Posgrado en Letras de la UNAM lo alienta, pese a los obstáculos que se puedan presentar. En la medida en que los participantes estén conscientes de que se trata de un espacio en donde se comparten los proyectos para generar diálogos que nutran los enfoques, y que no se trata de contabilizar el avance de la investigación y cumplir así un requisito ante la institución, el Coloquio de Doctorandos quizás capitalice esa cualidad que varios piensan como un mero trámite.

Sandra Álvarez Hernández (1983)
UNAM

Estudió la licenciatura en Letras Clásicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y la maestría en Historia del Arte en la misma institución y el Instituto de Investigaciones Estéticas, con estancias de investigación en la EPHE de la Universidad Sorbona de París y el Instituto Warburg de la Universidad de Londres. Actualmente realiza el Doctorado en Letras con especialización en Literatura Comparada. Ha impartido clases en diferentes instituciones, entre ellas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y es profesora en la Escuela Superior de Música del INBA. Actualmente indaga en las fuentes neoplatónicas de inspiración para la construcción de fuentes y jardines en el Renacimiento Italiano.

Alberto Escobar de la Garma. Ciudad de México (1985)
UNAM

Estudió la licenciatura en Letras Modernas (Inglesas) en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, así como la maestría en Letras (Literatura Comparada) en la misma universidad. Su investigación primordial gira en torno a la obra de Jack Kerouac, de quien estudió su relación con el jazz así como la manera en que el género epistolar ayudó a determinar su estilo. Estudia el doctorado en Letras Inglesas con una investigación sobre el vínculo del budismo con Kerouac para decantar una poética de vanguardia en sintonía con lo que se aprecia entre sus contemporáneos de otras disciplinas artísticas. Es profesor en la Escuela Nacional Preparatoria.