La Literatura Comparada en la década de 1970


La década de los setenta marcó un parteaguas para la literatura comparada dentro de la UNAM, en gran medida debido a la creación de nuevas carreras de licenciatura, que con el tiempo serían el semillero para los estudios comparatistas a nivel de posgrado. Dichas carreras fueron agrupadas, gracias a la iniciativa de Oscar Zorrilla, en el Colegio de Letras Modernas, fundado en 1975. Se logró así finalmente dar más presencia a lo que hasta entonces había sido el Seminario de Investigación en Letras Modernas y Arte Dramático (SIMAD), mismo que desde 1955 había estado encabezado por distintos jefes de departamentos: María de la Luz Grovas a cargo de las letras inglesas; Juvencio López Vázquez en francesas; Marianne Oeste de Bopp en letras alemanas; y en italianas, Conchita/Concepción? Franco López. A los estudios de estas cuatro tradiciones literarias en el Colegio de Letras Modernas se sumaron, por cierto, en años apenas muy recientes las letras portuguesas.

La conjunción en un solo Colegio de todas estas ramas de estudios literarios, sin duda se prestó también para el desarrollo de la comparatística, que se cultivaba, más allá de la especialización en las distintas tradiciones literarias, en el diálogo, intercambio y contraste que podía hacerse entre las mismas.

Varias fueron las iniciativas pioneras que podrían destacarse de esta época, como la de Colin White, quien se ocupó en concebir el Plan de Estudios de Letras Modernas, y que sin duda influyó también en el plan que más adelante se diseñara para la especialidad de posgrado en Literatura Comparada. Otro importante impulso a los estudios de letras francesas y en esa medida a los estudios postcoloniales fue el que dio Laura López Morales, al conseguir el apoyo de diversas instituciones y organizaciones –tanto privadas como públicas– de Francia y Canadá, para enriquecer a la Facultad de Filosofía y Letras con una serie de textos importantes de la literatura francófona, creando una biblioteca especializada en autores de las colonias. Una veta nueva que se abrió en esas épocas y que contribuyó a nutrir el enfoque comparatista, fue en el campo de la traducción, con Flora Botton como una de las primeras interesadas en desarrollar el área para las letras francesas e inglesas. Dieter y Marlene Rall harían lo propio al impulsar el estudio de las letras alemanas logrando editar por primera vez en lengua española valiosos volúmenes y antologías de las letras alemanas, con materiales de escritores de la segunda mitad del siglo XX; a la par, se preocuparon por introducir teorías por entonces todavía resultaban muy innovadoras dentro del plan de estudios de Letras, como era el caso de la recepción estética.

Fue también a mediados de los setenta cuando Oscar Zorrilla convocó a un grupo de profesores del Colegio de Letras Modernas, entre los que se encontraban, además de los ya citados profesores como Flora Botton o Dieter y Marlene Rall, Angelina Muñiz Huberman, Horácio Costa, Cecilia Tercero, Horacio López Suárez y Federico Patán, quienes comenzaron a reunirse periódicamente para discutir la manera de sistematizar de manera formal el estudio de la literatura comparada, con el fin de abrir lo que por entonces ya se vislumbraba como una necesaria y prometedora especialidad dentro del posgrado. Fue en 1981, gracias al compromiso colectivo, que se hizo un primer intento de establecer un Posgrado en Literatura Comparada, pero por motivos académico-administrativos, ésta fue rechazada. No obstante, el trabajo de este grupo fue fundamental al sembrar con ello la primera iniciativa formal para la apertura de este nuevo espacio en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Y a pesar de que en lo administrativo no se pudo concretar el proyecto, en esos mismos años sí fructificaron proyectos interesantes como la impartición colectiva de cursos temáticos del tipo del que se realizó en torno a la figura del Don Juan.