En charla con Jorge Alcázar


Mi primer contacto con el campo de la literatura comparada fue a través de un seminario de posgrado sobre cuestiones metodológicas, impartido por la Dra. Luz Aurora Pimentel allá por los años ochenta. Después de revisar textos de autores reconocidos como Paul Van Tieghem, Harry Levin o el mismo Claudio Guillén, se me hizo evidente la falta de rigor teórico de algunas de estas figuras. Por otro lado caí en la cuenta que varios teóricos y críticos que en diferentes momentos he admirado practican el comparativismo sin a veces ni quisiera mencionarlo. Tal es el caso Robert Curtius, Mijaíl Bajtín o Walter Benjamin, ya no digamos comparatistas evidentes como George Steiner o incluso un reseñista literario como Edmund Wilson que podía escribir con soltura sobre Sófocles, Pushkin, Flaubert o Proust.

En las universidades norteamericanas se dio el patrón recurrente de ver en los departamentos de literatura comparada el lugar idóneo para cultivar el estudio de la teoría. Eso también se fomentó en nuestro departamento, donde desde un principio se introdujo la figura del tutor. En ese entonces el alumno llevaba dos materias por semestre: un seminario y un curso monográfico, más la tutoría. Y en muchos casos la carga de trabajo de ésta podía ser superior a la de cualquiera de las dos asignaturas. Yo concibo la tutoría como un paquete individualizado que se diseña de acuerdo con los intereses, las necesidades y el tema de tesis del estudiante.

Un saldo positivo de esa primera etapa fue que a pesar de contar con una escasa matrícula (alrededor de unos treinta alumnos), más o menos una cuarta parte de ellos eran extranjeros que venían ex profeso a nuestro programa. Otro es el amplio espectro de posibilidades para temas de tesis. De hecho, mi primera tutoranda fue una física de formación, Ana María Sánchez Mora, cuyo proyecto de tesis fue La divulgación científica como literatura (1996), la cual fue primero publicada por la UNAM y después apareció en versión portuguesa en Brasil. Esto me valió para ser invitado por ella para fungir como tutor en el programa de Filosofía de la Ciencia, en el área de Comunicación de la Ciencia. Allí impartí, de manera conjunta con nuestro programa, el seminario de Literatura y divulgación de la ciencia. Del analogismo a la explicación metafísica, donde se exploró la metaforización y la extrapolación analógica de conceptos desde los pitagóricos hasta el siglo veinte en algunos cuentos de ciencia ficción. Posteriormente uno de los asistentes, Juan Carlos García Cruz, se interesó por el tema y me pidió que le dirigiera su tesis: Las metáforas en la Comunicación de la Ciencia. Análisis de la metáfora “El libro de la vida” (2008).

Como se puede ver, otra de mis convicciones es que las materias que se ofrezcan en el Posgrado en Letras deberán diferenciarse de aquellas de la licenciatura, ya sea en enfoque o contenido. Se habla constantemente en el seno del Comité Académico sobre la necesidad de incluir “materias formativas” y muchas veces se entiende por ello algo semejante a una calca de buena parte del mapa curricular de la licenciatura. Si el alumno que intenta ingresar a nuestro programa viene con lagunas y deficiencias en su formación profesional sencillamente no podrá superar los filtros (v. gr., examen de admisión, curso propedéutico, entrevista, etc.) que se han ideado para diagnosticar su capacidad y potencial.

En consecuencia me he esmerado en ofrecer cursos sobre temas rara vez vistos en la facultad, que impliquen el cruce y diálogo de lo estrictamente literario con alguna otra área o faceta del devenir cultural e intelectual. A lo largo de los años he acumulado un repertorio de unos siete u ocho cursos y seminarios, de los cuales mencionaré algunos de los más relevantes.

Un tema de interés personal, el de las ideas esotéricas en la literatura, lo he bifurcado en el seminario Magos y hechiceras, donde se explora la representación de la praxis mágica en obras literarias desde el Idilio II de Teócrito hasta Viaje a Ixtlán de Carlos Castaneda; otro curso más acotado es El mago en el teatro renacentista, del cual espero retomar algunos artículos publicados y moldearlos en forma de libro en este año sabático. Del otro (así como mi participación en el proyecto PAPIIT IN401798: Relaciones Conceptuales entre Literatura y Antropología, coordinado por el Dr. Gabriel Weisz) se desprendió la tesis de maestría de Griselda Lira, Del cuerpo escrito: chamanismo y literatura (2007).

He trabajado desde hace mucho la obra de Bajtín. Mi tesis doctoral versa sobre Swift y la sátira menipea. Y en lo que respecta a seminarios he dado Bajtín y la novela y La sátira menipea y el desarrollo de la forma novela, tema que fue suficiente para obtener una beca Fulbright-García Robles para una estancia de tres meses en el Barnard College de la Universidad de Columbia en 2006. Este interés por Bajtín ha fructificado recientemente con la tercera edición por parte del F. C. E. de Problemas de la poética de Dostoievski, del cual soy coeditor junto con Tatiana Bubnova. También he participado con Esther Cohen, otra investigadora del Centro de Poética, en varios de sus proyectos PAPIIT, desde Lecciones de Extranjería hasta el más reciente sobre La modernidad del pensamiento crítico y político de Walter Benjamin. No está de más añadir que varios de mis artículos han aparecido en la revista de este centro, Acta poetica, del cual fui investigador hasta 1992 cuando opté por compactar mis dos medios tiempos en la Facultad.

En años recientes he explorado cuestiones relacionadas con la reescritura y la adaptación cinematográfica. Respecto a esto, participé en el Comité Tutoral de Doctorado de Isabel Lincoln, quien en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales realizó el proyecto de investigación sobre Perspectivas teóricas bajtinianas en el análisis del discurso cinematográfico. Seis filmes de Luis Buñuel (2012). Por otra parte, hasta la fecha he ofrecido sobre estas cuestiones los cursos “Adaptaciones cinematográficas de novelas inglesas” y “La novela inglesa del siglo XX en el cine”. De todo lo anterior se puede inferir que, a diferencia de otros campos de conocimiento, en la orientación de la Literatura Comparada las posibilidades de generar nuevos temas de investigación son casi infinitas si se me excusa el giro hiperbólico, y esto es aplicable tanto a docentes como a estudiantes. Por último, solo quisiera mencionar algunos seminarios que espero impartir en un futuro no muy lejano: Reescribiendo a los clásicos; El arte de la novella: Boccaccio, Chaucer, Cervantes; y Jazz, literatura y video.

Semblanza curricular de Jorge Alcázar